Max Verstappen consiguió su primera victoria de la temporada y Red Bull convirtió una carrera llena de incertidumbre en un resultado perfecto. Kimi Antonelli terminó segundo estirando su ventaja en el campeonato, Lewis Hamilton completó el podio después de una impresionante recuperación para Ferrari y Franco Colapinto que pudo remontar a pesar de la mala elección. Esos fueron solo algunos de los escenarios que marcaron el fin de semana.
Pero más allá del resultado, Sepang dejó una pregunta interesante, ¿cuánto puede cambiar una carrera cuando los equipos tienen que tomar decisiones antes de conocer cómo va a evolucionar la pista?
Una carrera que empezó antes de empezar
La lluvia obligó a retrasar el inicio y dejó el asfalto en condiciones completamente diferentes a las que los equipos habían encontrado en el fin de semana. Cuando finalmente los autos salieron para las vueltas de formación, apareció otro problema inesperado, varios monoplazas sufrieron pérdidas de potencia relacionadas con el funcionamiento del software de las nuevas unidades de potencia en esas condiciones de baja adherencia.
La FIA explicó después que se había producido una combinación inédita de bajas revoluciones, poco agarre, configuraciones de gestión de energía para pista mojada y las características particulares de Sepang. El problema no había sido detectado durante las pruebas previas ni en las vueltas hacia la grilla, por lo que fue necesario distribuir una actualización de software antes de poder comenzar la carrera.
La situación terminó agregando todavía más incertidumbre a una carrera que ya tenía uno de los interrogantes más difíciles de resolver: qué neumático utilizar.
El riesgo de apostar por una pista que todavía no existe
Cuando el asfalto está mojado pero empieza a secarse, elegir un neumático no significa solamente decidir qué goma tiene más agarre en ese momento. También implica intentar anticipar cómo estará la pista dentro de cinco o diez vueltas o minutos.
Los intermedios son más efectivos mientras todavía existe algo de agua. Los slicks, en cambio, pueden convertirse rápidamente en la mejor opción si la superficie evoluciona lo suficiente. El problema es que nadie puede saber con absoluta precisión cuándo llegará ese momento.
Por eso la carrera tuvo estrategias tan diferentes. Verstappen, comenzó con intermedios, y ahí apareció una de las claves de su triunfo.
Red Bull y la lectura de Hannah Schmitz
Max no ganó solamente porque Red Bull tuviera un auto competitivo durante todo el fin de semana. La estrategia fue fundamental para convertir las condiciones cambiantes en una ventaja.
Detrás de esas decisiones estuvo también el trabajo del departamento de estrategia encabezado por Hannah Schmitz. La responsable estratégica de Red Bull lleva años formando parte del equipo y su función es mucho más amplia que decidir una parada en boxes, se trata de analizar escenarios, proyectar el comportamiento de los neumáticos, interpretar la información meteorológica, calcular el tráfico y reaccionar en el momento indicado.
En Sepang, Red Bull comenzó con intermedios y luego encontró el momento adecuado para pasar a los slicks. La evolución de la pista permitió que Verstappen recuperara el control de la carrera y terminara construyendo una ventaja suficiente.
La estrategia, en definitiva, no consiste solamente en elegir el neumático correcto. También implica saber cuándo cambiar de idea.
Ferrari: de la apuesta equivocada a un podio
Ferrari ofrece el mejor ejemplo de la otra cara de la estrategia.
Lewis Hamilton y Charles Leclerc estuvieron entre los pilotos de adelante que apostaron por los slicks cuando la pista todavía no estaba completamente preparada para usarlos. La decisión tuvo un costo inmediato, ambos perdieron gran cantidad de posiciones. Hamilton llegó a caer hasta el 18° lugar.
Pero más allá de esa mala elección, el 7 veces campeón del mundo consiguió transformar una decisión que parecía condenar la carrera en un resultado mucho más positivo.
Hamilton decidió mantenerse en pista incluso después de que el equipo le ofreciera volver a boxes para cambiar los neumáticos. Cuando el asfalto finalmente comenzó a secarse, aquella elección empezó a tener sentido.
La diferencia entre un error estratégico y una estrategia perdida puede estar justamente ahí: en la capacidad de seguir leyendo la carrera después de que la primera decisión no haya funcionado.
Franco Colapinto y una carrera condicionada desde el comienzo
Para Franco Colapinto, el desafío era todavía mayor. El argentino había quedado relegado al fondo de la grilla por las penalizaciones acumuladas en Bakú y por el cambio de componentes de su unidad de potencia. Terminó largando 21°, pero consiguió finalizar 13°, ocho posiciones por delante de su lugar de partida y como el mejor Alpine.
Sin embargo, su carrera quedó condicionada desde las primeras decisiones.
Alpine eligió comenzar con neumáticos blandos, una apuesta que también tomó Pierre Gasly, que largó en el 9° lugar. El equipo esperaba que la pista se secara rápidamente, pero la evolución fue más lenta de lo previsto.
El piloto argentino fue contundente después de la carrera: consideró que la decisión de utilizar slicks había sido equivocada y explicó que, con esas condiciones, necesitaban esperar una neutralización para volver a meterse en la pelea. También reconoció que esperaba que la pista se secara en apenas unas vueltas y que, finalmente, eso no ocurrió.
Y ahí aparece otro detalle importante. Cuando salió el primer Safety Car, provocado por Valtteri Bottas, Colapinto estaba pasando por delante de la entrada a boxes. Por ese motivo no pudo detenerse inmediatamente para aprovechar la neutralización y tuvo que hacerlo en la siguiente vuelta. Esa diferencia de tiempo y posición también condicionó su estrategia posterior.
El Safety Car podía ser una oportunidad para alguien que había quedado comprometido por la elección de neumáticos, porque permitía reducir las diferencias a cero con el grupo y volver a empezar prácticamente desde cero. Pero para aprovecharlo también había que encontrarse en el lugar correcto de la pista y en el momento adecuado.
Con el paso de las vueltas, Colapinto pudo recuperar terreno gracias a un ritmo mucho más competitivo cuando los neumáticos slicks finalmente entraron en su ventana de buen rendimiento. El P13 no le permitió sumar puntos, pero sí terminar por delante de Gasly y mostrar un ritmo que Alpine consideró una de las pocas noticias positivas de una tarde complicada.
Una carrera que no se explicó solamente por la velocidad
Sepang dejó algo más que una victoria de Verstappen, un podio de Hamilton o una remontada de Colapinto. La carrera mostró hasta qué punto una Fórmula 1 cada vez más tecnológica sigue dependiendo de decisiones tomadas con información incompleta. La lluvia cambió el estado de la pista, el estado de la pista cambió las estrategias, las estrategias modificaron el orden, los Safety Car volvieron a reducir las diferencias y, en el medio, un problema de software nos recordó que incluso los sistemas más sofisticados pueden encontrarse con situaciones que no habían sido previstas.
En Sepang, la diferencia no estuvo solamente en quién tenía el auto más rápido. También estuvo en quién consiguió interpretar mejor lo que estaba pasando y, sobre todo, en quién pudo adaptarse cuando la pista empezó a dar una respuesta diferente a la esperada.



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